El otro día por cuestiones laborales tuve que viajar hacia el norte. Iba a haber
ido en mi cama, cuyas propiedades volantes ya conocen ustedes, pero no me
pareció apropiado, ya que, aunque les sorprenda, lo que en nuestra ciudad es
normal en otros lugares lo ven como una excentricidad. Así que fui en coche,
como si fuera una persona corriente. Y llegué tan al norte que me topé con el
mar. El problema que tiene el norte es que, como casi todo, es relativo. El
norte está en el norte salvo que vivas al norte del norte, en cuyo caso está en
el sur.
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